¿Qué pasa cuando un libro nos abre los ojos hacia una realidad que ignorábamos?
Cuando ocurre eso tomas consciencia de que en este mundo hay personas de todo tipo, algunas buenas y otras no tan buenas, algunas felices y otras no tan felices. Pero sobretodo te das cuenta de que en realidad vivimos en el mundo que queremos ver, apartando de nuestra vista aquellas cosas que preferimos ignorar.
¿Pero que pasa cuando las cosas que no queremos ver se nos plantan delante de nuestras narices decididas a no seguir siendo ignoradas? Es en ese momento cuando nos damos cuenta de cuan sencilla ha sido nuestra vida con respecto a la de otras personas menos afortunadas.
También puede ocurrir que descubramos como hay personas que deciden conducir sus vidas por caminos “poco frecuentes” solo por el deseo de descubrir que hay al otro lado de la línea.
Pero en cualquier caso el traspasar esa línea conlleva sus riesgos y sus consecuencias.
Hay un motivo por el que me he decidido a escribir sobre este tema, y es que tras leerme los 2 libros de Antonio Salas y el primero de la serie que el apadrina no he tenido más remedio que abrir los ojos y tomar consciencia de la realidad.
En pleno siglo 21 sigue existiendo el tráfico de esclavos, estamos muy lejos de conseguir acabar con la xenofobia y el sexo sigue siendo uno de los negocios más lucrativos de todos.
Pero no nos equivoquemos, ninguna de estas actividades deja a quien la practica impune de consecuencias, pero por desgracia quienes sufren las peores suelen ser siempre los que menos culpa tienen.
Hay que diferenciar dentro del mundo del sexo 2 estratos muy distintos: las esclavas sexuales y las que deciden hacerlo por voluntad propia.
Las primeras siempre serán las que más daño sufrirán, puesto que están expuestas a todo tipo de chantajes y maltrato por parte de sus “amos”.
Espero que nadie se escandalice por usar esa palabra, pero esta muy claro que la esclavitud del S. XXI es la que se practica en el mundo de la prostitución.
Mujeres sacadas de su país de origen con engaños y falsas promesas de riqueza y prosperidad, que cuando llegan a su destino ven como han contraído una deuda que nunca llegarán a pagar.
Deberán de vender su cuerpo y su dignidad para pagar a sus “amos”, deberán soportar vejaciones, palizas, violaciones y un sinfín de torturas más que nadie desearía para su propia hija.
¿Pero como llegan a encontrarse esas mujeres dentro de ese pozo sin fondo?
La respuesta es sencilla, por culpa de los países desarrollados, por culpa de que aún existe gente que paga por esos servicios y sobretodo, porque en nuestra sociedad el vicio es el mejor negocio.
Al leer “El año que trafiqué con mujeres” sentí odio hacia la raza humana al leer como vendían a niñas de 13 o 14 años para que trabajaran de prostitutas durante el resto de sus vidas. Como en el trato el proxeneta decía que llegarían todas vírgenes menos una que el eligiera porque tenía que catar el material… simplemente repugnante. Sentí asco de todo y de todos al leer eso, que aunque no me fuera desconocido si prefería ignorarlo para hacer más simple mi existencia.
Se que una sola persona no puede hacer nada, salvo denunciar los hechos como hizo Antonio, pero no olvidemos el precio que esta pagando el. Una vida anónima, sin poder disfrutar de los éxitos cosechados y con una amenaza de muerte colgando constantemente de su cabeza. ¿Merece la pena?
No lo se, pero quizás si no fuera una sola persona la que denunciara esas practicas, si lo hiciéramos todo el mundo, todos los que sentimos asco de la raza humana por esas practicas, quizás se podría llegar a hacer algo. Pero mientras sigamos mirando hacia otro lado seguirá existiendo la esclavitud en este mundo.
Un mundo en el que la vida de una niña no vale más de 21000€, de los cuales ni tan siquiera un 10% irán a parar a mano de los padres que la venden, para poder hacer con ella lo que se nos antoje. Desde subastar su virginidad hasta acabar con su vida, pero siempre cobrándole hasta por el aire que respira y sacándole hasta la última gota de sangre para hacer dinero a su costa.
Pero esa solo es la cara negra de la prostitución en el mundo, también existe una cara oscura. Esta es la de la prostitución de lujo, chicas que deciden vender su cuerpo por propia voluntad, que no dependen de ningún proxeneta ni son esclavas de nadie.
Chicas normales y corrientes que un día deciden que quieren saber que se siente en ese mundo de dinero y lujo, pero que tampoco esta exento de consecuencias.
Ese es el mundo que nos relata Alejandra Duque en su libro “La agenda de Virginia”. Un mundo en el que la vida transcurre en un nivel y a un ritmo muy distinto al de las esclavas sexuales, pero que también tiene sus consecuencias.
Tanto quienes disfrutan de esos servicios como quienes los practican tienen que pagar un precio. Los primeros en dinero, hasta llegar a arruinarse en algunos casos, los segundos su integridad.
Es imposible aventurarse en ese mundo y salir impune. Siempre queda una huella indeleble, imposible de borrar. Y eso lo describe muy bien Alex cuando dice que no cree que pueda llegar a disfrutar al 100% de una relación normal, ya que aunque se enamore el paso por ese mundo le ha llevado a descubrir todo lo que el sexo puede ofrecer y ya no le queda nada nuevo por descubrir.
Es duro pensar eso, que el sexo jamás tendrá magia con tu pareja porque ya nada puede sorprenderte.
Son 2 caras de la misma moneda, la cara “alegre y despreocupada” y la cara “macabra y deprimente”, pero la misma moneda al fin y al cabo, y por lo tanto siempre tendrá consecuencias para quien se aventure a jugar con ella.
Me gustaría decir que conservo la esperanza de que algún día logremos erradicar esta enfermedad del ser humano, pero no es así. Jamás lograremos acabar con la esclavitud mientras existan personas que paguen los servicios de las personas esclavizadas y por desgracia eso es algo que siempre existirá.
¿Quién será la próxima victima? ¿Serás tu, tu hermana/o, tu hija/o, tu vecina/o? ¿Será un ser anónimo de un país tercer mundista? Que importa… sea quien sea no será el último.
Desde aquí os pido una cosa, abrid los ojos y ver el mundo tal y como es, quizás así quede algo de esperanza de acabar algún día con esta enfermedad de la humanidad.
Gracias por venir
Ume — 13-07-2005 16:41:30
Diablilla — 14-07-2005 00:28:18
Diablilla — 14-07-2005 00:30:49
Memnoch — 14-07-2005 00:41:41
Flatline — 14-07-2005 06:16:50
Lara — 14-07-2005 14:04:03
synnove — 14-07-2005 17:53:26
Ju — 14-07-2005 18:40:29
Amaya — 15-07-2005 14:21:14
Susurro — 15-07-2005 21:04:47
gasord — 16-07-2005 21:27:36
Vera — 18-07-2005 14:45:01